Lizta Roja
Por: Elizabeth Luna
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Otra vez el luto, otra vez la impotencia, otras vez el coraje de muchos agentes contra quienes se empeñan en no dejarlos trabajar y en provocar caso en nuestro Estado, no será fácil lo dijo el Presidente al inicio de esta guerra contra el narcotráfico, se perderán vidas y vaya que en Durango lo hemos sabido, porque hay que ser claros, a algunos de los ya 15 agentes que han asesinado formaban parte del bando de los delincuentes y traicionaron su confianza, otros los mataron porque no aceptaron el unirse a tal o cual grupo delictivo, y por cobardes, y a algunos por maldad, por desquitarse de los operativos que está realizando el Ejército en la sierra, en donde afortunadamente ha logrado liberar a algunos secuestrados, la lucha va a continuar, es cierto que se requiere de valor, de entereza y confianza hacia si mismos y hacia los Gobiernos que ya deben tomar en cuenta lo peligroso de su labor, mejorarles el sueldo, las condiciones de vidas, las condiciones de trabajo, es decir darles mayor apoyo, que este se vea en vida, no sólo en las prestaciones para los deudos de agentes que siguen cayendo, ya no queremos más sepelios, ya no más muestras de solidaridad, de las que algunos ya se están cansando, por ejemplo ayer ya no vimos ni siquiera al director de Averiguaciones Previas acompañando al comandante Escamilla en el último adiós y así será ya nos hemos acostumbrado a los agentes caídos, algunos cumpliendo efectivamente con su deber y otros traicionando la confianza que la sociedad pone en ellos y traicionando pero a sus cómplices, esto es lo que ha provocado tanto agente muerto, la verdad es que siendo sinceros, muchos no han caído precisamente cumpliendo un deber, otros si, pero los primeros, han olvidado que primero está el dar un buen ejemplo a sus hijos, a su familia, luego a la sociedad y el respeto por los demás y por si mismos, y luego la falta de compañerismo, cuando no hay unidad, cuando no hay buenas relaciones entre agentes, se llega a esto, a muertes a cada rato, de agentes a veces inocentes, de personas que sólo cumplían con su deber, de los que no quisieron colaborar con delincuentes, porque saben que estarían faltando a su palabra empeñada de servidores públicos, que pena que quienes aun están a tiempo de retirarse de esos nexos sucios, no lo hagan y que prefieran la dádiva a veces jugosa de quienes los meten al narcotráfico, sólo para obtener ellos, grandes ganancias por un rato, pero al cabo de un tiempo, todos terminan igual, la guerra entre narcotraficantes ha dejado cientos de muertos a lo largo de todo el país, la gran mayoría son narcotraficantes, otros son policías, algunos honestos que vivían con tranquilidad hasta que fueron víctimas de esta guerra, otros eran cómplices y terminaron mal, la mayoría de los agentes policiales, ya están cansados de la zozobra, pero muchos no quieren entender que son parte de una institución a la que deben servir por encima de intereses personales que al final los pierde, apenas ayer se sepultaba a un agente asesinado en forma cobarde, cuando horas después asesinaban a otros tres, coincidentemente de la misma comandancia Regional, eso es lo raro, pero lo tristes es que no hay una estrategia para luchar contra peligrosos narcotraficantes, que en la policía siguen esperando más apoyo en ese sentido, sentirse respaldados por militares o agentes federales, para tener el valor y la fortaleza de seguir luchando del lado de los policías y no pasarse al otro bando en donde por un tiempo tienen lana, pero pasado este, terminan en la cárcel o muertos o desaparecidos.
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